Cuánto vale una patente es una de las primeras preguntas que se hace un inventor cuando empieza a plantearse vender o licenciar su tecnología. No existe una cifra automática ni una tarifa oficial: su valor depende del alcance de la protección, del mercado, de la ventaja que aporta la invención, de los ingresos o ahorros que puede generar, de la duración restante del derecho y, especialmente, de cuánto valor pueda obtener de ella una empresa interesada en explotarla.
La respuesta no se obtiene sumando lo que has gastado en desarrollar el producto, fabricar prototipos y tramitar el registro. Una patente es un activo intangible y su valor depende fundamentalmente de la capacidad que tenga para generar beneficios económicos, reducir costes, crear una ventaja competitiva o proporcionar exclusividad a quien vaya a explotarla.
La Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) explica que el valor de una patente está relacionado con la utilidad comercial futura que puede obtenerse mediante su explotación, licencia o venta. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) también señala que los activos de Propiedad Intelectual pueden generar valor mediante su explotación directa, su venta o la concesión de licencias.
Por tanto, antes de poner una cifra a una patente o modelo de utilidad hay que responder a una cuestión más importante:
¿Qué beneficio puede obtener una empresa gracias a esta tecnología y a los derechos que la protegen?
No existe una tarifa oficial ni una fórmula universal que permita afirmar que todas las patentes valen una determinada cantidad.
Dos patentes que han costado prácticamente lo mismo pueden tener valores comerciales completamente diferentes.
Una puede proteger una solución técnicamente interesante pero destinada a un mercado muy pequeño. Otra puede proteger una mejora aparentemente sencilla que permita a un fabricante reducir millones de euros en costes o diferenciar uno de sus productos principales.
Por eso, para determinar cuánto vale una patente deben analizarse conjuntamente:
La OEPM recuerda que el valor de una patente puede ser distinto para cada operador. Una empresa que ya dispone de fábricas, canales de distribución y clientes puede obtener mucho más rendimiento de una tecnología que una compañía que tuviera que construir toda esa infraestructura desde cero.
Esta diferencia es esencial.
Valor es una estimación económica del activo basada en determinadas hipótesis, datos y metodologías.
Precio es lo que finalmente comprador y vendedor acuerdan pagar en una operación concreta.
Puedes estimar que una patente tiene un valor de 100.000 €, pero:
La OMPI trata la valoración como un proceso destinado a determinar el valor monetario de los activos de Propiedad Intelectual para operaciones como ventas, licencias, financiación o acuerdos empresariales.
Por eso una valoración debe utilizarse como herramienta para negociar, no como una garantía de que el mercado pagará exactamente esa cantidad.
Este es uno de los errores más frecuentes de los inventores.
Imaginemos este proyecto:
| Concepto | Inversión |
|---|---|
| Desarrollo técnico | 8.000 € |
| Prototipos | 5.000 € |
| Ensayos | 3.000 € |
| Registro y documentación | 3.000 € |
| Diseño y presentación | 1.000 € |
| Total invertido | 20.000 € |
¿Significa que la patente vale necesariamente 20.000 €?
No.
Esos 20.000 € permiten conocer el coste histórico del proyecto, pero el comprador se planteará otras preguntas:
Una tecnología que ha costado 100.000 € desarrollar puede tener poco valor comercial.
Y una solución que ha requerido una inversión mucho menor puede tener un enorme interés si permite resolver un problema económicamente relevante.
La OMPI identifica tres métodos fundamentales de valoración de activos de Propiedad Intelectual:
En operaciones complejas pueden utilizarse también modelos financieros más avanzados, pero estos tres enfoques permiten comprender cómo se construye una valoración.
El método del coste analiza cuánto ha costado desarrollar el activo o cuánto costaría sustituirlo por uno equivalente.
Puede considerar:
La información suele estar disponible y resulta relativamente fácil de documentar.
No mide necesariamente el potencial económico.
Una tecnología puede haber requerido diez años de desarrollo y, sin embargo, no encontrar compradores.
También puede ocurrir lo contrario: una modificación sencilla puede generar enormes ahorros a un fabricante.
Por eso el método del coste puede ser una referencia, pero no debería confundirse automáticamente con el valor comercial.
Este método busca operaciones comparables.
Por ejemplo:
La pregunta sería:
¿Qué ha pagado el mercado por activos similares en circunstancias comparables?
Utiliza referencias reales de mercado.
Muchas operaciones de compraventa y licencia son confidenciales.
Además, dos patentes aparentemente parecidas pueden diferir enormemente en:
Por eso los comparables deben utilizarse con criterio.
Un royalty del 5 % acordado en una tecnología médica no significa que otro producto de consumo deba utilizar automáticamente el mismo porcentaje.
Este enfoque intenta calcular los beneficios económicos futuros asociados al activo y convertirlos en un valor actual.
Puede considerar:
La OMPI señala que el método basado en ingresos es especialmente útil cuando existen flujos económicos que pueden estimarse de forma razonablemente fiable.
Imaginemos que una tecnología puede incorporarse a un producto con estas previsiones:
100.000 unidades anuales
Precio de venta: 40 €
La facturación sería:
4.000.000 € al año
Pero eso no significa que la patente valga cuatro millones de euros.
De esa cantidad habría que considerar:
El valor de la patente debe relacionarse con el beneficio atribuible al activo, no con toda la facturación del producto.
Una patente no debe valorarse por su título, su resumen o la espectacularidad del producto.
Lo verdaderamente importante es analizar qué está protegido.
Las reivindicaciones determinan el alcance técnico del derecho.
Por eso hay que preguntarse:
Dos patentes sobre productos visualmente similares pueden proporcionar niveles de protección completamente diferentes.
La calidad de la redacción inicial puede influir, por tanto, en el valor comercial futuro del activo.
Tener una patente concedida aporta certeza sobre la existencia del derecho, pero no garantiza que haya compradores.
Una empresa también querrá saber:
Una patente técnicamente válida puede tener poco valor comercial.
De igual forma, una tecnología comercialmente prometedora puede tener una protección limitada.
Por eso debemos distinguir entre:
valor jurídico del derecho
y
valor económico de la oportunidad empresarial.
Antes de valorar una patente conviene comprobar exactamente qué derecho existe.
No es lo mismo:
También conviene comprobar:
Una empresa interesada realizará normalmente una due diligence antes de cerrar una operación relevante.
Cuanto mejor organizada esté esta documentación, menor incertidumbre tendrá el comprador.
Una patente tiene una duración jurídica limitada.
En España, una patente puede mantenerse durante un máximo de 20 años desde la fecha de presentación si se cumplen los requisitos correspondientes y se abonan las anualidades.
Los modelos de utilidad tienen una duración máxima de 10 años desde la presentación.
Por tanto, no puede valorarse igual una tecnología a la que le queda un largo periodo de protección que otra cuyo derecho está próximo a finalizar.
Un comprador necesita tiempo para:
Cuanto menor sea el tiempo disponible, mayor puede ser la presión sobre la rentabilidad de la operación.
Las patentes son territoriales.
Una empresa que vende principalmente en Estados Unidos, Alemania y Francia puede tener un interés distinto en:
Para analizar el valor debe estudiarse dónde:
Una patente española puede ser muy valiosa para una empresa cuyo mercado principal sea España y menos estratégica para otra centrada exclusivamente en mercados donde no existe protección.
Una empresa no compra una patente simplemente porque el producto resulte interesante.
Compra una oportunidad para:
Por eso una presentación comercial debe explicar con claridad:
¿Qué problema existe actualmente?
¿Cuánto cuesta ese problema?
¿Cómo lo resuelve la invención?
¿Qué ventaja obtiene la empresa?
Cuanto más fácilmente pueda traducirse la innovación en una ventaja económica, más defendible será su valoración.
Decir:
“Este sector factura 10.000 millones de euros al año”
no basta.
Hay que diferenciar:
Mercado total teórico.
Parte del mercado que realmente puede abordar el producto.
Parte que razonablemente podría llegar a captarse.
Una patente puede estar relacionada con una industria gigantesca y dirigirse únicamente a una pequeña aplicación.
También puede ocurrir que un mercado relativamente reducido tenga gran interés porque:
El tamaño del mercado debe analizarse junto con la capacidad real de capturarlo.
Esta es una de las preguntas más importantes al intentar calcular cuánto vale una patente.
Una tecnología puede aportar valor porque permite:
Siempre que sea posible conviene cuantificar esa ventaja.
Por ejemplo:
“Reduce un 18 % el consumo de material.”
es comercialmente más potente que:
“Es un sistema muy innovador.”
Los compradores toman decisiones económicas.
Cuanto mejor podamos traducir la innovación a números, más sólida será la negociación.
No es igual vender:
una patente y una descripción conceptual
que vender:
una patente + prototipo funcional + pruebas + costes de fabricación + interés comercial demostrado.
El comprador asume menos incertidumbre en el segundo caso.
Entre los elementos que pueden reducir riesgo están:
Esto no significa que debas invertir indefinidamente antes de buscar comprador.
La pregunta debe ser:
¿Qué incertidumbre está impidiendo que una empresa valore correctamente el proyecto?
Invertir para resolver esa incertidumbre puede aumentar el atractivo comercial.
Si el producto ya está en el mercado, el comprador puede analizar:
Esto reduce la dependencia de previsiones teóricas.
Una patente sin ventas puede ser valiosa, pero existe mayor incertidumbre.
Una patente asociada a un producto que ya genera ingresos proporciona información económica más sólida para la valoración.
También puede venderse o licenciarse.
Muchas operaciones tecnológicas se producen antes de la comercialización.
Pero en ese caso el potencial comprador deberá asumir una mayor parte del desarrollo:
Ese riesgo suele reflejarse en la valoración y en la estructura de la operación.
Por eso puede ser útil disponer, al menos, de información sobre:
La misma patente puede valer cantidades diferentes para dos empresas.
Supongamos una invención destinada a mejorar un electrodoméstico.
No fabrica electrodomésticos.
Tendría que:
Ya fabrica millones de unidades al año.
Tiene:
Para la empresa B, incorporar la tecnología puede ser muchísimo más sencillo y rentable.
Por eso la identificación de compradores forma parte de la estrategia de valoración.
Una patente tiene mayor valor para quien puede explotarla mejor.
Los compradores potenciales suelen encontrarse entre:
En nuestro servicio de comercialización de patentes trabajamos precisamente sobre la identificación de empresas que puedan tener un encaje real con la invención.
También puedes consultar nuestra guía sobre cómo vender una patente para conocer las diferentes vías disponibles.
No siempre vender es la mejor opción.
Existen dos estrategias principales.
El titular transmite el derecho a otra persona o empresa.
A cambio recibe el precio pactado y deja de ser propietario del derecho transmitido.
El titular conserva la propiedad y autoriza a otra empresa a explotar la patente bajo determinadas condiciones.
La licencia puede incluir:
Puedes ampliar esta cuestión en nuestra guía sobre el contrato de licencia de patente: royalties, exclusividad, territorio y mínimos de venta.
Supongamos, únicamente como ejemplo, que una empresa espera vender:
2.000.000 € anuales
y se acuerda un royalty del:
4 %
Los ingresos anuales del titular serían:
80.000 €
Pero esto tampoco significa automáticamente que la patente valga una cantidad determinada.
Habría que considerar:
Los porcentajes de royalties deben analizarse caso por caso.
No existe un porcentaje estándar válido para todas las patentes.
Una licencia exclusiva proporciona al licenciatario una posición más fuerte, porque limita la posibilidad de que el titular otorgue determinadas licencias a otros operadores.
Pero también aumenta el riesgo para el propietario de la patente.
Imaginemos que otorgas exclusividad a una empresa y esta:
Podrías haber bloqueado durante años otras oportunidades.
Por eso una licencia exclusiva puede combinarse con:
La valoración no depende solamente del porcentaje de royalty, sino de toda la estructura económica del acuerdo.
Los mínimos permiten evitar que una empresa obtenga derechos exclusivos y posteriormente no explote la tecnología.
Ejemplo:
Licencia exclusiva en España condicionada a vender un mínimo de 25.000 unidades anuales.
Si no se alcanza el objetivo, podrían establecerse consecuencias contractuales previamente pactadas.
Puedes profundizar en estas cuestiones en nuestra entrada sobre contratos de licencia de patente.
Que una invención pueda patentarse no significa que vaya a tener un gran valor económico.
Y que un producto tenga mucho potencial comercial tampoco significa automáticamente que pueda patentarse.
La patentabilidad estudia aspectos técnicos y jurídicos relacionados con la protección.
La valoración estudia la oportunidad económica.
Además, una empresa que pretenda fabricar un producto puede necesitar analizar derechos de terceros. Esta diferencia se explica en nuestra guía sobre patentabilidad y libertad de operación (FTO).
Un modelo de utilidad también puede venderse o licenciarse y tener un valor comercial importante.
Su valoración debe realizarse atendiendo a factores similares:
La duración del modelo de utilidad es menor que la de una patente, pero eso no significa que automáticamente tenga poco valor.
Una mejora sencilla, bien protegida y con capacidad para implantarse rápidamente en un mercado puede resultar muy atractiva para una empresa.
Permite establecer una referencia para negociar.
Ayuda a definir royalties, pagos iniciales, mínimos y condiciones.
Permite explicar mejor qué activo tecnológico tiene el proyecto.
Puede ayudar a decidir en qué países merece la pena seguir invirtiendo.
Las patentes pueden formar parte del valor de una empresa, de una adquisición o de determinadas operaciones financieras.
No todos los derechos deben mantenerse indefinidamente.
Una valoración comercial puede ayudar a decidir dónde tiene sentido continuar pagando costes y desarrollando la tecnología.
Antes de presentar una patente a potenciales compradores conviene preparar un dossier organizado.
Una empresa podrá valorar mucho mejor una oportunidad cuando la información esté estructurada y las afirmaciones comerciales estén respaldadas por datos.
No enviaría simplemente un PDF completo de la patente acompañado de:
“Tengo una patente en venta. ¿Les interesa?”
Una presentación comercial debe explicar:
Puedes consultar nuestra entrada sobre cómo ganar dinero con una invención registrada para conocer las principales alternativas de explotación.
No necesariamente.
Hay información que puede ser pública porque aparece en la propia patente publicada.
Pero un proyecto puede contener también:
Puede ser recomendable trabajar por etapas:
1. Presentación no confidencial.
2. Comprobación del interés.
3. Acuerdo de confidencialidad cuando resulte necesario.
4. Acceso a información adicional.
5. Negociación.
La venta de una patente no obliga a proporcionar desde el primer contacto toda la información estratégica del proyecto.
La inversión no garantiza ese valor.
Debe demostrarse con investigación técnica y comercial.
Hay que determinar qué parte puede realmente capturar la tecnología.
Hay que cuantificar por qué y cómo.
La concesión es importante, pero no crea automáticamente compradores.
Un precio sin justificación puede provocar que las empresas ni siquiera continúen la conversación.
Es preferible localizar compradores con encaje real que enviar indiscriminadamente la oportunidad a cientos de empresas.
No siempre es necesario desarrollar el producto completamente.
Pero determinadas actuaciones pueden reducir la incertidumbre del comprador:
La inversión adicional debería responder a una pregunta concreta:
¿Qué duda importante del comprador estoy resolviendo?
Si el principal problema es que nadie sabe si puede fabricarse, obtener un presupuesto de fabricación puede aportar mucho valor.
Si el problema es que no está claro quién compraría el producto, puede ser más útil validar el mercado.
Una forma práctica de estructurar el análisis es valorar seis bloques.
¿Qué derecho existe y qué protege realmente?
¿Funciona? ¿Está validada? ¿Qué desarrollo falta?
¿Quién necesita la solución y cuánto está dispuesto a pagar?
¿Qué ingresos o ahorros puede producir?
¿Qué incertidumbres técnicas, comerciales y jurídicas existen?
¿Qué empresa puede obtener mayor beneficio del activo?
El valor aparece cuando estas seis piezas empiezan a estar conectadas.
En proyectos en fases iniciales existe mucha incertidumbre.
Por eso puede ser más útil establecer:
Escenario conservador
Escenario probable
Escenario optimista
También pueden establecerse:
Una valoración no tiene por qué terminar necesariamente en:
“La patente vale exactamente 87.425 €.”
En muchos casos resulta más útil construir un rango razonado de negociación.
La respuesta puede resumirse así:
Una patente vale lo que su protección y su tecnología permiten generar económicamente para un comprador o usuario, ajustado por el riesgo necesario para conseguirlo.
No vale simplemente:
Una valoración sólida necesita justificar:
qué está protegido + quién lo necesita + qué beneficio proporciona + cuánto riesgo queda.
Ese es el punto de partida para negociar una venta o licencia con argumentos empresariales.
Una vez estimado el valor, aparece la siguiente cuestión:
¿Qué empresa tiene motivos reales para adquirir o licenciar esta tecnología?
Ese paso es tan importante como la valoración.
En Eurekate disponemos de un servicio de comercialización de patentes orientado a preparar las invenciones para su presentación y localizar empresas potencialmente interesadas.
También puedes consultar:
Si tienes una patente o un modelo de utilidad y quieres buscar empresas potencialmente interesadas, en Eurekate Ingeniería podemos ayudarte a preparar la presentación comercial del proyecto y estudiar potenciales compradores o licenciatarios.
Puedes consultar nuestro servicio de comercialización de patentes o contactar con Eurekate para explicarnos en qué situación se encuentra tu proyecto.
Si todavía no has protegido la invención, puedes consultar previamente nuestro servicio de registro de patentes.
Teléfono: 662 10 92 10
Para ampliar información sobre valoración de activos de Propiedad Industrial puedes consultar:
La OEPM señala que el valor de una patente depende de su utilidad comercial futura y puede variar según quién vaya a explotarla; la OMPI identifica los métodos de ingresos, mercado y coste como los principales enfoques de valoración de activos de Propiedad Intelectual.